«Eredità», 


una herencia que no es como las otras”: 

la nueva novela de Mario Federico Blanc


Entrevista por Luis Eugenio D´acord 

(Ed. Responsable de MFBediciones)





Luis: Hola Fede, qué tal che, cómo estás… me contaron de tu nueva novela… Impresionante… 


Blanc: Sí, sí, sí. Se viene, se viene, jajaj Cómo andas Luisito querido…


Luis: Bien, bien yo. Bueno, ¡henos aquí entonces para hablar de ella! 


Blanc: Si, ningún problema, gracias, Luis, como siempre agradecido por tu hospitalidad… que ya de tanta hospitalidad, es una cura, hablar con vos es una cura, una cura que no es como las otras. Te lo agradezco mucho de verdad, sos un grande.


Luis: ¡No, por Dios! El grande sos vos. Decime, Fede ¿Por donde viene la mano, de qué se trata la novela?, contame un poquito… ¿Cuál es el título? 


Blanc: Se llama “Eredità”. 


Luis: ¡Oh! Italiano!, ¡Qué sugerente! ¿Por qué pusiste una palabra en italiano? O sea, la palabra… “Eredità” en la tapa del libro, y además veo que está entre paréntesis, el título de la novela está entre paréntesis… ¿Qué significado tiene eso?


Blanc: Bueno, te cuento. No es por hacerme el raro, eso te lo aseguro. La palabra “herencias”, es la principal, y eso es lo que significa“Eredità” en español. Escrita en italiano, o sea, tiene ese acento “invertido” en la letra “a”, que en realidad no se llama invertido, sino que se llama “grave”, “tilde grave”. Eso me ha resultado, como primera medida,  una palabra simpática, me gusta su sonoridad y me recuerda a mi familia y a mi infancia donde se cantaban canciones en italiano. En segundo lugar, me ha seducido su significado oculto, por asi decir, y como tercera medida me parece un poco risible la palabra, justamente, por el hecho de que tiene ese acento “invertido”, como se me ocurrió llamarle impunemente, por cierto, a mí, el tilde grave, o sea. Risible porque para nosotros el tilde grave no existe, que es como decir que para nosotros, los argentinos, la herencia no existe del modo que existe para ellos. Por su puesto, esto es un forzamiento de las cosas, me da por pensar en una herencia donde el acento, o sea, lo importante, está puesto en otro lado, se pone de otra forma, en otro lado, y esa es un poco la idea central de la novela, que no está así de explícita, obvio. El acento está… siguiendo con este jueguito, pero está invertido, no sé si al revés, ¿entendés?  ¿Cuál es la idea que subyace a toda la novela? y me da risa, te juro. ¿A vos no? A mi me da un poco de risa… 


Luis: si, en realidad me hace pensar más que darme risa…


Blanc: Bueno, está bueno que algo nos haga pensar en este mundo podrido, y también está bien la risa, qué sé yo, un poco de algo lindo dentro de todo lo loco que pasa. Esto del título apareció ahora hace poco, una vez que terminé de escribir la novela, incluso después de que terminé de corregirla, etc. Primero se iba a llamar “El libro de Nina”, estaba casi seguro que se llamaría así pero mi cabeza asoció el nombre Nina con el nombre de “Mina”, Mina Harker, ¿que ubicás quién es?, es la mujer que perseguía Drácula. Bueno, esa similitud le daba una tonalidad que no me gustaba y que no quería para la novela, y menos en el título. Aparte el nombre “Mina” tiene raíces germánicas mientras que Nina es más italiana, pegaba más, en fin, nada que ver la novela con ese amor gótico de Drácula. Entonces abandoné esa idea. Pensé luego que se iba a llamar Herencia o Herencias, así, a secas. Pero después releyendo y corrigiendo el texto de la novela, apareció todo esto de la “conexión-Italia”, estaba muy presente eso ahí y bueno, tenía peso en la estructura. Es decir, todo este costado no era sólo metafórico desde el punto de vista artístico o literario, sino que pasaba por un costado más fuerte que eso. Concretamente, quería transmitir la idea de una otra herencia, una herencia otra, que a mi me da para llamarlo simbólica, herencia simbólica, insisto, por llamarle de alguna manera. Puede hacer referencia a algo que se distingue entre lo italiano y lo argentino, esta herencia-otra ¿entendés? Ahí está el punto. Igual, al margen, yo me divierto con cosas como estas… buscando un nombre, encontrando relaciones entre nombres, entre palabras, etc. Y ¿por qué?, dirás vos, Luis, ¿no es cierto? Luis, ¿Por qué?, dirás vos… preguntame por qué, Luís, por favor… 


Luis: Ah, entiendo. ¿Por qué, Fede? 


Blanc ¿Por qué qué, Luis?


Luis: Ah, perdón, es qué estoy un poco distraído. Ahí voy:  ¿Por qué un escritor como vos se divierte con cosas como esas, juegos de palabras, cosas como esas, Fede?


Blanc: Bueno, ya que me lo preguntas, te lo respondo: porque la vida so fucking corta, y so fucking nasty a veces, Luis, ¡so fucking cruel, too!. Una terrible mierda, aquí o allá, ahora y antes. Y vos sabes, eso está siempre, nos atraviesa como un rayo, loco, no te puedes esconder. Si yo no hago esto que hago, o sea, leer, escribir, pensar, sentarme de vez en cuando a escribir, bueno, mi vida sería mucho peor de lo que ya es para mí, con todo lo que tengo que ver, que soportar. Más triste sería de lo que ya es, más opaca de lo que ya es. Yo llevo una vida bastante solitaria, aunque pueda ver cien personas al día. Bueno, no importa, ¿de qué estábamos hablando?


Luis: del título…


Blanc: Ah sí, del título. Bueno, ya te lo dije. Algunos de los títulos de los capítulos dentro de la novela están escritos en italiano y entre paréntesis y hay en la trama o todo un “linaje”, permitime el término, proveniente de la bella Italia, claro. ¿Qué significa? Siempre me ha llamado la atención que hay una contrariedad, que es tan fácil de explicar a veces en los inmigrantes, como una duplicidad, que es la de muchísimas familias argentinas, nuestras familias, tal vez, que está de alguna manera trabajada en la novela y que gira alrededor de “lo italiano” y “lo argentino”, a esa duplicidad me refiero. Eso cohabita en un mismo sujeto a veces. Algo que termina en “lo ítalo-argentino”, si querés, que no es lo mismo, ojo ¿eh?, pero se parece. Eso también intenta plasmarse en la novela en la abstracta idea de una herencia que no es como las otras, teniendo en cuenta su acento ambivalente, si me puedo expresar así. Eso es lo que intento decirte. Un tipo que vive entre dos tierras, aunque lo niegue. ¿Cómo se podría trabajar esto en la novela? Los tanos no te largan nada de esto, son cerrados y altamente sensibles. En la novela, te decía, ha habido un viaje, de uno o dos de los personajes desde Europa hacia Argentina, personajes que son laterales en la trama pero centrales en la estructura. Sin ellos nada existiría, literal. Entonces, algunos de los capítulos están titulados en italiano. No escribí capítulos en italiano, porque no sé italiano. Pero, están titulados en italiano y están entre paréntesis porque los capítulos no siguen exactamente los lineamientos del título, ese es el efecto que pretende lograr. Un título es una cosa bastante autoritaria, porque te obliga a hablar de eso que dice el título, yo he intentado suavizar ese autoritarismo del título utilizando esos paréntesis. O sea, un paréntesis es una referencia más periférica, más outsider, si querés, creo que es una herramienta que permite pensar si realmente se está hablando de eso qué dice el título, ¿me entendés? 


Luis: sí, Fede, entiendo perfectamente. pero, ¿por qué herencias, específicamente?


Blanc: En el caso de la palabra “herencias”, sea en italiano o sea en español, uno podría pensar, primero, en la etimología, yo fuí a dar ahí cuando pensé en este título, pero la etimología es una bruja seductora: tan pronto como avanzas, te abandona, te deja a pata porque es como un camino de ida: avanza y avanza y al final te deja en el medio del bosque, perdido. capaz que terminas en la palabra “zoquete” y no tiene nada que ver. No hay retorno desde la etimología. Vos podés encontrar… ¿relaciones? Vínculos entre los significados y agarrarte de ahí para establecer una relación de sentido, pero es demasiado. Uno piensa en relaciones asociadas a la herencia como “sangre”, "lo sanguíneo”, no sé si me explico. Creo que estamos demasiado acostumbrados a pensar en la sangre en la herencia, como si la misma estuviera determinada por la sangre y en parte todavía es así, en lo legal, etc. Pero bueno, el “vínculo de consanguinidad”, bueno, por Dios, no quiero decir que sea un error, ni hacerme el progre, porque es hasta bíblico esto. Digo, fue una costumbre y la costumbre es la base de cualquier ley o sea, la herencia en esta época, conoce ahora otra vertiente. Los valores de los bienes materiales, que es un tema aparte también, no siempre se relacionan con los valores de los bienes simbólicos, capitales simbólicos. Es decir, los primeros son bienes materiales y los segundos son bienes intangibles, lo que no quiere decir que no existan, ¿se entiende por donde va la cosa? La herencia simbólica es el tema. A veces uno implica al otro y a veces no. ¿Te fijaste en eso, Luis? Son temas que llegado el momento importan más que cualquier otro, ¿no te parece? Vos heredaste un reloj, por ejemplo, de tu abuelo o de tu papá, o un anillo, y eso además de su peso físico tiene un peso simbólico… era el reloj de tu viejo, y tu viejo era así y así, etc. No quiere decir que por usar o no usar el reloj vos seas así o asá. Digo que habría que tener presente eso que Claude Levi Strauss escribió para pensar todo lo que queremos decir sobre este tema. ¿Con herencias? Y lo que yo creo, te lo digo de una: toda herencia es un poco simbólica, pero no toda herencia puede ser leída simbólicamente, hay vallas, muros, lagunas en la memoria, pozos, huecos, silencios, etc. Por eso Levi Strauss es un picante en eso, porque él habla de la “eficacia simbólica”. La palabra también se traslada de un lugar a otro, de un lugar simbólico a otro. La percepción del tiempo en estas cosas también es distinta en cada ser. ¿Se puede heredar algo de alguien que es un familiar directo? Eso todo el mundo lo sabe, pero se puede heredar algo de alguien que no es un familiar ni directo y ni siquiera pariente, de un profe, que se yo… de un texto o de un libro, por ejemplo. Esto vuelve la cosa un poco más complicada. ¿Se entiende?


Luis: Creo que sí, que entiendo. La herencia como algo que viene de antiguo, que le viene de antíguo a un sujeto, algo así, ¿no? y que poco o nada tiene que ver con los bienes materiales concretos. La historia en la memoria de los pueblos y una de esas también ocurre esto en las familias…


Blanc; La historia en la memoria de los pueblos. Si, claro que sí, totalmente de acuerdo. Me gusta esa frase. Pero ¿y el recuerdo? ¿Qué es el recuerdo? Fíjate vos que Freud, que no era ningún boludo, ni siendo pendejo era un boludo, no hace falta ni que lo aclare, tenía bien presente lo que podía significar la memoria. Él hacía una distinción que para mi es muy importante para esto que estamos hablando, sin saber bien hasta ahora de qué estamos hablando, específicamente. Esto de la memoria, si te pones a pensar, es verdaderamente importante, no tanto para su obra sino para la mía, porque él abandonó pronto esa esa idea, esa manera de mirar las cosas, se ve que un día no le calentó más el tema de la memoria y siguió para otro lado, pero yo no, retomo justo esta parte. Él fue para su lado, qué se yo, como que dijo… lo dejamos ahí por el momento con esa forma de mirar las cosas… Freud decía que memoria y recuerdo se excluyen, se oponen de alguna manera. No son lo mismo, aunque mucha gente los use de manera indistinta para significar más o menos lo mismo. Yo creo que es una diferenciación bastante sutil, por cierto, porque no es fácil darse cuenta. Yo, que si soy medio boludo, y que fuí muy boludo de jóven, tuve que volver a los textos, fijate. Y diría que nadie tiene ganas de volver sobre esos textos proto psicoanalíticos, a ese proto aparato psíquico. Y volví porque creo firmemente que ahí hay una clave, ¿entendés, Luis?. Yo no te voy a explicar por qué, Luis, porque se trata realmente de un aparato, un mecanismo, y no tendría sentido. Sería como cuando llevas a arreglar el auto por un problema eléctrico y cuando lo vas a retirar el tipo cuando te cuenta toda la historia desde que se descubrió la electricidad, la corriente alterna, etc. En fin, no da, ¿no?.


Luis: Ok, ya te conozco, Fede, aunque digas que “no da”, lo vas a hacer de nuevo, vas a hablarme del primer aparato psíquico de Freud desde cuando Freud era, digamos, un purrete y yo voy a estar acá para escucharlo… todo bien. Ok, adelante, un buen editor nunca se cansa y siempre escucha.


Blanc: Ah, no seas wacho. Me resulta divertido igual lo que decís. A veces es necesario enmarcar un poco las cosas para no parecer un tarado que habla al aire. Te pido que retengas esto nomás: la memoria es un sistema de inscripción. Inscripción en el sentido de tallado. Vos imaginate marcas sobre una superficie, una madera tallada, tac, tac, …un tallado, un relieve, una huella en el barro seco de una chata que pasó hace tiempo… quedó la marca en la tierra dura. Está ahí, la podes ver o incluso tocar. Es un registro de que algo pasó por ahí. Y además es media permanente. ¿Y la chata? ¿Dónde está? ¿cómo era? ¿cómo pasó? ¿cuándo fue? No está, no se ve, se fue, ya pasó. El recuerdo, por así decir, arma la chata en tu cabeza a partir de la huella ¿te imaginas una chata? y bueno, dejó esa huella, que eventualmente llega a la consciencia. ¿Pero te das cuenta que nada que ver una cosa con la otra? La memoria es esa huella, esa inscripción. El recuerdo es la elaboración mental, por así decir, de la huella. Por eso es tan sabia esa canción que dice “lo que pasó, pasó, entre tu y yo”, dejó huella o esa otra canción, más literal, que dice “tu me dejaste una huella que no puedo borrar”. ¡Tal cual, no la puede borrar! No son las mismas instancias la que deja la huella y la que la construye y la transforma en recuerdo: una inscribe, talla, raya, deja la mueca, la cicatriz, la otra construye, elabora, significa, etc. Y temporalmente, esto es importante, el tiempo, la cosa va como al revés, como esa otra canción que dice “...de reversa mami, de reversa”, ¿entendés? Te estoy dando un montón de ejemplos. Primero aparece el recuerdo y luego la memoria. Freud, a ese “...de reversa mami, de reversa” le llamaba de “Nachträglichkeit”, o sea, que otorga significado “de reversa”. Esa palabra alemana significa “a posterior” o “resignificación”. O sea, dicho en criollo, el recuerdo que aparece nunca es la huella misma, el recuerdo es un texto de alguna manera trabajado, editado, o sea no es la recuperación fiel o real del registro. ¿Por qué te cuento esto? porque vos cuando recordas, recordas borrosamente, singularmente, a tu modo, aunque las imágenes sean de lo más nítidas. El recuerdo no es lo que pasó, eso es lo verdaderamente revolucionario de Freud. Esa evocación no es la huella, el recuerdo, es hablar de la huella. Y bueno, por eso los problemas que hay. Qué sé yo, viene uno y te dice: ¿te acordas que te dije… tal cosa? Y vos quedas en bolas, buscando en la mente. Y finalmente no, no te lo acordas así, justo, justo lo que dice aquel otro ¿entendes, Luis? Me falta decir… “y por eso el mundo está como está”, como los viejos de antes. Peor si las cosas ocurrieron cuando vos no existías, eso pasa en esta novela, por eso te lo digo, no estoy delirando, es como que la vida, la que te cuentan, digamos, es una especie de ficción armada por vaya a saber quien, reproducida con mil versiones a través de no sé quién, en fin, contarla como si fuera verdadera es casi una locura, un delirio. ¿Y si ni siquiera eso hay? ¿si no hay el recuerdo? ¿si ni siquiera el recuerdo existe pero vos sabes que algo tiene que haber pasado porque sino las cosas no serían como son? Y bueno, lo que ya sabemos. Lo que no puede volver como recuerdo, vuelve como acto, como sufrimiento, como tormento o como acciones incomprensibles. Pero es muy de psicoanalista eso, digamos, una de las opciones es que cuando no opera el recuerdo, opera el olvido, y entonces repetís porque no podés recordar, o sea, puro obstáculo, repetición actuada, actos que sustituyen al recuerdo, por así decir, que no puede o no quiere salir de donde está por vaya a saber qué motivo. Yo no sé si vos estas de acuerdo, Luis querido, pero esa forma, ese filo diría yo, te puede hacer mucho daño y también le puede hacer mucho daño a gente que querés. Digo, entonces, que lo mejor sería recordar. Recordar y decir, cueste lo que cueste. Porque cuando se presenta un recuerdo imposible de recordar, o sea, lo que nosotros llamaríamos un olvido, en fin, repetís y repetis, una y otra vez. No es muy técnico esto pero el olvido es un recuerdo estrangulado, un recuerdo fracasado. Ojo, en el lugar de ese recuerdo que se encuentra olvidado también nacieron obras invaluables para la humanidad, quiero decir, obras de arte, etc. Y bueno, también pasa que en el lugar del recuerdo que no está, también construís otras cosas, qué sé yo, cosas que a veces para nada son bellas sino contrario, son dolorosas.


Luis: Cosas que pueden causar dolor, el lugar del olvido, la falta de palabras en la familia, los silencios, los no dichos, trabajas sobre esta estructura en tu nueva novela… 


Blanc: Bueno, no lo sé. Creo que un poco sí, que la respuesta es sí. Pero es la condición humana así, enrevesada, yo creo que podes entender algo razonablemente y no poder llevarlo a la práctica, qué se yo por qué motivo, es algo… tan consustancial al ser humano, hasta natural diría, y muy negado también. Una falla del saber y no poder entenderlo te empuja quien sabe hacia dónde. Lo que interesa aquí, lo que me interesa aquí, de lo que quiero hablarte y que no está del todo lejos de lo que venimos hablando es la herencia. Y si lo quiero hacer, si quiero hablarte de esto no es sino para poner en evidencia la tiranía de la sangre. La tiranía de la sangre y su prevalencia en el discurso, en las prácticas, en las instituciones, en la familia, se como sea que concibas la familia. ¡Qué pedazo de violencia es eso! Es decir, a veces las cosas no son como parecen y lo que parece que va a ser, a veces no es ni va a ser. ¿cómo se llamaría eso?, ¿herencia? Es una mierda, pero hay que hablarlo. Hasta hace algunos años, en términos de herencia, la estructura jurídica del mundo la regía la sangre, o el sustituto de la sangre que es la palabra consciente escrita en un papel, lo digo así por resumir, me refiero al peso del vínculo consanguíneo, la misma sangre. Yo no sé, hasta dónde puede haber cambiado eso. Monarquías enteras se extinguieron por problemas como estos o parecidos a estos o sea que no es joda el tema. Sabemos que otras no, tal vez se hicieron más fuertes, como los apellidos conocidos que todos conocemos aquí, en Buenos Aires, en Jujuy, pero muchas terminaron, eso también es cierto. ¿Por qué se terminaron? Bueno, en determinado momento no pudieron encontrar más el nexo entre el monarca y Dios. Disculpa que resuma las cosas así medio salvajemente. Viste como es el barrio, empezaron a desconfiar, uf, esa rosca no se acaba más, hasta que acaba con todo. Son sistemas, hasta que comenzaron a cagarse a palos por monedas, las migajas del abolengo, a como dé lugar, a cagarse a tiros, a tirarse con sillas, con armas, con lo que sea y bueno, ahí está todo ese costado bélico, peleador, irascible, despotricante: los clanes, grupos, tribus, lo que sea, que comenzaron a hacerse proclives a mostrar e justificarse en una identidad bélica.


Luis: Perdón Fede sé que estás queriendo ir para un lado, que si bien no sé cual es, me permito detenerme en algo que a mi me llama la atención, desde hace mucho tiempo, a saber, ¡qué berretín que tenes con Italia, ¿no?!


Blanc: ¡Jajaj no! Un berretín no. Eso sería como una fijación lunfarda, algo así, qué sé yo. ¿Cómo explicar lo que pasa con Italia? En el lenguaje tanguero, para seguir ese lunfardo, uno podría decir más bien un metejón, aunque tal vez tampoco, porque cuando uno piensa en Italia piensa en la historia de un amor, pero detrás de eso, ¿qué hay? una tremenda oscuridad, un silencio que amordaza. Son historias de amor y desarraigo, amor y desventura, amor y abandono, amor y separación. ¿o es un poco más que eso? ¿Qué decís vos, Luis? ¿Un poco menos que eso? Algo parecido, para mi modo de ver, pero también para mi modo de sentir, Italia es un poco un agujero negro en la historia y en la cultura argentina, y en mi familia también. Y tal vez como muchos países de Europa también, representan o encarnan una parte de la historia argentina. De alguna manera Europa está metida dentro de Argentina, físicamente, habría que pensarlo o como una topología aparte o acaso como si fuera una geografía imaginaria. Está bien, la geografía no es el territorio o, mejor dicho, como decía Borges, “el mapa no es el territorio” (sic), y cuánta razón tenía. La genealogía de miles de familias argentinas y la historia italiana son mugre y uña, pan y mantequilla, como dicen en Méjico. No sé si te das cuenta, no me refiero tanto a la historia argentina, sino a la historia de las familias argentinas. En el secundario, en la escuela secundaria, por ejemplo, uno podía ver la cantidad y los tipos de apellidos italianos que convivían con otros en una misma lista, …el mismo listado de apellidos de los pibes compañeros podría haber estado en una escuela en Sicilia, en Siracusa, en Roma ¿entendés? Y aunque cueste reconocerlo, es probable que muchas de las costumbres se hayan traspuesto o superpuesto también, por así decir, y llegado hasta nuestros días, de la forma que han llegado, y, bueno, alguien las tenía que describir. Si lo pensamos bien, Luis, Italia es como un agujero negro en la Argentina, es por demás interesante esto, por su carga emotiva, seguro, pero también por la represión, aquí en sentido amplio. O sea, ese agujero negro… “parla…”. Y si non parla, es un lugar donde todo se pierde, que todo se lo manya o se lo manyó  y es lo que le pasa a muchas familias. No saben ni exactamente ni no exactamente lo que pasó. No me voy a detener en eso. Lo más frecuente es que todo eso se vaya perdiendo, olvidando o directamente, negando.  ¿O transformándose en un conflicto inconsciente u oculto? como vos quieras llamarle. La cultura grecolatina, si me permitís el academicismo, se introdujo en las Américas, primero y con mucha fuerza y a través de la violencia y luego se fue diluyendo en nuestras aguas y en nuestras tierras, quiero decir, en nuestras costumbres y en nuestras formas de vivir la cultura.. Sé que no soy del todo claro, pero alguno me va a entender. ¿Cómo se llamaría eso? “proceso de transculturización”?, ¡nos cagaron a palos cuando vinieron! Toda esa rosca de que habíamos venido de los barcos, tan risible que se hizo, por cierto, al final, no estaba tan mal, boludo, en serio, pensalo. Lo que pasa que no todos vinimos en los mismos barcos, no todos los barcos eran iguales y no todos vinimos de la misma manera. Incluso hubo gente que vino en avión, que no eran polizones mugrientos, estafadores, vagos, delincuentes, comegratis y cuando llegaron acá subieron a un tren. Que se yo, mil cosas pasaron, por ahí vinieron en avión y luego terminaron en un tren que los llevaba a la Colonia de Oliva, al loquero porque no había dónde alojar inmigrantes de la postguerra, y ahí quedaron. El punto es, y volviendo un poco a la novela, a esta historia que cuento, que lo-italiano responde muchas veces a ese agujero negro “qui parla”. A veces solamente hay que escucharlo y otras veces está absolutamente negado y non parla. Imagínate vos una laguna, pero en la memoria, una laguna en la memoria y no en la memoria de un pueblo o sea no la memoria colectiva sino en una persona, en el marco de una genealogía. Algo que, como te decía más arriba, hubiera tapado la huella de la camioneta que pasó y la hubiera, de alguna manera, desarmado, tapado o disuelto… aguado. Caramba, ya no es la huella. Entonces, ahí ha pasado algo, es obvio, ¿no Luis? Y ese algo, a mi criterio, merece ser estudiado y en la medida de lo posible, contado, o mejor dicho, reconstruido. Es una huella borrada o tapada por el tiempo, no sé si me explico. Es decir, la idea de una laguna es bastante clara y gráfica, porque también hay lagunas en la memoria. Claro, algunas lagunas en la memoria es algo de lo que yo hablo en la novela, de manera metafórica. Y, bueno, alguien, de nombre Nina, anda buceando debajo de esa agua oscura y helada de las lagunas poco profundas de las historias familiares argentinas. Porque es mentira que la inmundicia está en lo profundo. Está ahí, salta ahí no más. Me parece que Peter Gabriel, hablaba de eso cuando cantaba Digging in the dirt, o sea, buscando en la basura, “to find the Places we come from” se refiere un poco a eso, ¿entendés, Luis? Al menos es lo que yo creo. No sé si es así. 


Luis Nombras a los barcos y es verdad, vinieron primero unos barcos, después vinieron otros y no recuerdo que alguien se haya detenido en esta violencia que referís. Primero una violencia aplastante, donde la cultura que valía era la del otro-español, en este caso. Y luego, otra llegada de barcos. Vos notas en eso una violencia que, desde 500 años en adelante se fue diluyendo, como se diluye una pintura cuando le vas echando agua y más agua, o sea, no deja de ser pintura, solo que más suave. Eso entiendo yo. Hay como un evolucionismo en eso, algo que te he escuchado criticar fuertemente. De tal modo que había que remontarse antes, mucho antes quizás. Entonces, no sé, ¿de dónde venimos? 


Blanc: Escuchame, Luis. ¿Cómo de dónde venimos? Venimos del mono, obviamente, si es que no somos monos como decía Brandoni en una película. Lo expuse en la universidad y luego vos lo transcribimos y lo editamos… ¿te acordás? en ese libro maravilloso que hicimos, hace poco tiempo, que se llama "¿Qué significa trabajar en el campo psi jurídico?". Bueno, ahí dijimos que el relato de las eras geológicas nos permitía descubrir el nacimiento de cierta actitud bélica del hombre, del protohombre que giraba en torno al conocimiento del fuego, particularmente al dominio del fuego. Ahí nace, yo creo, una primera cuestión del poder, del ejercicio del poder de un hombre sobre otro hombre.: no sólo quien aprende a fabricar fuego, sino quien aprende a conservarlo, porque se aprendió primero a conservarlo y luego a fabricarlo porque el fuego aparecía en las tormentas eléctricas, cuando se incendiaba un árbol y todos se llevaron un susto bárbaro. En ese momento, dijimos que es como que la tierra se partió en dos —no literalmente— en el sentido de grupos, clanes o tribus: los que sabían conservar y dominar el fuego, los grupos que no. Entonces nace en esa actitud pendenciera, roñosa de robar el fuego —dijimos también que eso estaba relatado en una famosa película del año 1981, que se llamó “La guerra del fuego”, una película francesa— una especie de historia de la filiación bélica o violenta del proto-hombre, que luego se fue pasando de generación en generación y construyéndose en distintas concepciones del poder de uno sobre otro. Así es como llegamos hasta nuestros días, donde no puede haber dos hombres sin que uno esté por encima de otro, cosa que es profundamente lamentable. Pero luego de varios años, quiero decir, en estos últimos años, tras estudiar, advierto que no es que no comprendamos el origen de la conducta violenta del hombre desde un punto de vista histórico o cultural. Lo que no comprendemos es el tiempo, y cómo de un momento a otro, de un tiempo a otro, de una era geológica a otra, el hombre había literalmente cambiado. Esto es, me parece a mí, lo que particularmente profundiza Christopher Nolan, cuando hace películas vinculadas principalmente al tiempo, como esta última que se llama “Eclipse”, y otra anterior que no recuerdo el nombre. Es la imposibilidad no de capturar el tiempo, de conceptualizar, dimensionar el tiempo. ¿Es posible conceptualizar una conducta o un comportamiento y ligarlo a las distintas épocas, momentos o incluso sitios y lugares, la instancia familiar, el gobierno del estado? Y claro que sí por qué. Como lo hizo Michel Foucault, o más contemporáneamente Alain Badiou, Pierre Legendre, Giorgio Agamben, o alguien a quien le tengo un aprecio infinito, como lo es Massimo Recalcati, a quien sigo desde el año 2004. Bueno, y Lacan se preocupó por esto también, incluso con sus conductas lo escribimos, también vos lo publicaste, la historia que giró en torno al cuadro “El origen del mundo” de Gustave Courbet. Pero bueno, no son los temas que nos trascienden en este momento, aunque sean convocantes. Es esa especie de filiación dogmática, casi un mandato, de generación en generación, que está plagada de huecos, de lagunas que borran las huellas. Y vamos a decirlo lo más claramente posible: el problema de la filiación está atravesado naturalmente por la cuestión del deseo, eso es de lo que se da cuenta Dante en un momento preciso. Es decir, esto que no termina, como podría pensar algún desprevenido, en un individualismo tonto de “elige tu propio destino”, sino en la primacía de la elección de objeto y en la particular forma de gozar en el mundo actual. Yo creo que ahí está el nudo de la novela, porque al haber construido dos personajes, cosa que ha aparecido también en otros objetos culturales, como por ejemplo la película ¿Quién quiere ser millonario?, la historia de dos hermanos, o en el libro de Roberto Arlt, El juguete rabioso, eso ya ha aparecido. Aunque tal vez no de esta manera. “De esta manera”, significa de una manera singular, ¿me explico?


Luis: Fede, siento que hay un “dos” que se repite, dos adolescentes que dialogan, dos países en este caso para pensar la herencia, una especie de relación entre dos, que se percibe, donde sea. ¿Notás algo de eso o es una impresión errada mía?


Blanc: Bueno, no sé si entiendo bien a dónde vas. Tal vez sea una falla, un error o una limitación. yo provengo del diálogo socráticos, me muevo en esa estructura que excede el dos, creo. Puede que en esta inspiración socrática tenga un 2 en el horizonte, es decir, personajes centrales que dialogan, hay un ida y vuelta con unos otros, pero no podría asegurarlo. ¿Qué  subyace a la rememoración o a la conversación entre personajes? Fácil: que van dando vueltas alrededor de un tema, sobre una misma cosa. Hubo gente que criticó mi trabajo de “Mira el piso”, por el hecho de que los personajes principales se relacionaban con muchos otros personajes, cuando en realidad también era, justamente, dos. Es cierto que el diálogo principal era entre Juan y Nico. Los personajes eran más o menos laterales, pero introducían variables que finalmente terminaban repercutiendo en relación a estos dos personajes. Yo digo que acá pasa más o menos lo mismo, pero las cosas pasan entre 2 jóvenes mujeres. No veo nada de malo en eso. He buscado, quiero decir, escribir de esa forma. Es una pregunta saber a quién le habla Sócrates. Es fácil escuchar a Sócrates pero no es fácil saber a quien le habla. Va saltando de 1 en 1, y cuando le habla a un personaje, por ejemplo, a Alcibíades, parece que le está hablando a él. Pero hay un momento en el que yo siento que Sócrates le habla al pueblo, no sé, es una impresión personal, le habla a un otro-cultural, por así decir. O sea, quiero decir, que no es cualquier método, es un método que ahora podremos llamar de crecimiento, en el sentido de que que diálogo sobre diálogo se va construyendo algo que se puede llamar conocimiento. Y cuando termina, tampoco se puede decir que termine ahí. O sea, volviendo a mi, pienso que si el diálogo versa sobre la niñez o sobre el mundo capitalista, vaya a saber a dónde va a terminar. En este caso el diálogo versa sobre la idea de la herencia y sus antagonismos, y donde terminé es un lugar raro, y eso es justamente lo interesante para mi. La forma en que adquiere me parece que deja listo el terreno para que aparezca otro discurso.


Luis: ¿A dónde pretendes llevar al lector con toda esta forma de dialogar y con estos temas que vas tocando?


Blanc: En realidad, el lector va donde quiere ir. La pregunta sería si se lleva algo después de leer, por caso, esta historia. No es que yo lo lleve a algún lado, ojalá se lleve una pregunta, una intuición, una intención, un deseo, una pista de algo. Sí puedo decir que estoy atravesado en mi vida por algunos temas, como por ejemplo, la violencia, pues trabajo con ella diariamente. Quizás eso se filtra en mis notas, en mi forma de ver el mundo, en mis prácticas cotidianas y tal vez en mi forma de escribir o de leer textos de otros. Y no es que quiera que el lector recaiga ahí, nada más alejado de eso, porque ahí es donde yo recaigo. Porque vos ponete a pensar, Luis, por ejemplo, ¿qué es la violencia institucional?, por decirte algo concreto. Es un marco que supuestamente está o existe solo para cuidarte y muy por el contrario te menosprecia, habla mal de vos, te maltrata, te violenta, te hace quedar mal, etc. ¿Cómo es la cosa? ¿Cómo puede existir una cosa así? Hay como una “primitivización del mundo”, quiero decir, las instituciones no son ajenas a eso, se comportan como familias, yo creo que ahí va mi novela también. Ya había pasado, porque todo eso lo había sustituído la burocracia. Fíjate en la historia de la burocracia, yo no lo voy a retomar acá, pero fijate, cuando puedas. Hacen existir un padre donde hay un jefe, una madre donde hay una maestra, un hermano donde hay un transa, no sé, como si eso fuera posible. De ello derivan todas las autorizaciones, permisos, también las prohibiciones, negaciones y denegaciones de acciones específicas. Entonces, una institución es como una familia, y no soy un loco, a quien se le ocurre plantearlo, hay autores muy renombrados que lo dicen. O sea, quién está encargado de tutelar tus bienes, …los despilfarra, los destruye. Pero, ¿por qué?, ¿por qué una familia haría eso, un integrante de una familia? Y por supuesto que va a haber alguno que diga que una familia no es una institución, o una institución no es una familia. Pero sí, la familia es una institución, una institución que se podría llamar incluso hasta “natural”. ¿Qué hace la institución actual ante el colapso del padre-jefe o madre-jefa? No es mezclar las cosas, es una construcción de sentido. Hacen existir eso por medio del poder de permitir o prohibir. Como prohibir casi ya no se puede, bueno, todo el caos que vemos. Y así la transgresión pulula, es imparable. Se diversifican al infinito las leyes y normas, se multiplican las reglamentaciones. Hay casi más reglas que sujetos, entonces se produce eso que nosotros reconocemos como “anomia”, un fenómeno de lo más curioso, pero que tampoco es nuevo, que en definitiva es la ausencia de efectividad de la ley. O lo que es lo mismo, vivir sin ley. Y todo eso es un problema, un problema del cual si no se soluciona no deviene ningún beneficio. Es como decir, por ejemplo, ¿para qué pago? Y bueno, tal vez el tipo quiere tener la conciencia tranquila, pero dado el sistema capitalista, siempre está debiendo algo. Entonces, en un momento el tipo dice: "chau, no pago más", da lo mismo, da igual pagar que no pagar, porque no hay sanción posible. ¿Te das cuenta? Entonces mandó cualquiera, mando fruta, y me comporto como un ser irracional. Somos una especie de sociedad epicúrea, una manga de hipócritas todos, que solo queremos gozar y gozar a cualquier precio, y hasta donde dé. Y si se puede, sin pagar. Y no hay nadie a quien culpar, ¿quién armó este desastre? Nadie. Un perro asesino ataca a un niño de tres años, quien es el culpable, nadie. Es un análisis que tal vez me excede a mí y excede este espacio. Creo que lo he dicho en otras entrevistas: el escándalo ya no escandaliza. O para decirlo con el papa Francisco: no sabemos qué pasa, que el lío no hace lío, hacemos lío y el lío no se hace. Todo lo uniformiza el discurso capitalista. Está cerrado el sentido, no sé si se dan cuenta de eso. Yo pienso que tuvo solamente dos salidas: el resurgimiento de los discursos totalitarios y neofascistas —o sea, el mundo se volvió un poco nazi—, o para decirlo con las palabras de hoy, el resurgimiento de las ultraderechas. ¿Qué creen, que poniendo mano dura la cosa se va a rectificar? Nada que ver, es una espera vana. Y vos me vas a decir del otro lado que hay de “las izquierdas”, te vas a apurar a responder eso, pero del otro lado no hay nada. No hay absolutamente nada. Porque la izquierda está fagocitada por el sistema capitalista, y no hay una oposición, un “otro lado” del discurso capitalista, hay solo el discurso capitalista. Solo Lacan pudo pensar de alguna manera no su inversa sino su reverso, pero que naturalmente no es un discurso ni político ni económico, es otra cosa: es el discurso analítico, es decir, que es para unos pocos, no es para cualquiera. Y aparte, para Lacan el capitalismo no es un discurso sino una anomalía del discurso del amo. Entonces, volviendo al tema de la novela, uno podría decir: el silencio, la desinformación voluntaria o involuntaria del recuerdo, la omisión, la negación, la negligencia, irse de la casa, no hablar, hablar demás, gritar, dejar todo como está —todas esas son formas de la violencia que se transpolan, tamaño por tamaño, hacia las instituciones, como pueden ser la escuela, cualquier institución. Y aquí, en esta novela, se trata de no solo abordar este punto, sino de encontrarle un ovillo a ese hilo, si se puede decir así. Si es que acaso se puede decir así. Por eso yo digo que tal vez se trate de los estandartes. La familia ha sido un ejemplo. Y no quisiera que se me malinterprete: no es volver a la familia tradicional, patriarcal, nuclear —volver a pensar eso es una estupidez. Digo que en todo grupo que funcione como familia debe poder, de alguna manera, ver, percibir, o ser consciente simplemente de dónde está parado cada quien. La anomia es un síntoma del discurso capitalista. El hablante describe algo muy preciso: cuanto más se multiplican las reglamentaciones, más se produce la anomia — la falta de ley, porque cumplir las normas ya no genera ningún beneficio simbólico al sujeto. Esto conecta con la lógica que mencioné del circuito capitalista sin tropiezo: si no hay pérdida real, tampoco hay sanción real, y entonces "da lo mismo pagar que no pagar". La ley pierde su función de límite y se vuelve pura administración vacía. La familia como institución "primitiva" devorada por la misma lógica. El hablante extiende el diagnóstico: no solo las instituciones “grandes” (Estado, escuela) sino la familia empieza a funcionar bajo esa anomia — sin un lugar tercero que sostenga prohibiciones y permisos con eficacia simbólica. Las dos salidas que identifica: totalitarismo o nada. Bueno, una forma de cuestionar eso, Luis, es una novela, y ahí la tenés. 


Luis: bueno y cómo terminamos esta entrevista?


Blanc: Bueno, a ver cómo terminamos con esto. En principio, te diría que todas las hojas son del viento, como dice el Flaco Spinetta en una canción. Los hijos y los hijos de los hijos, primero son tuyos, pero luego son de la vida y después son del mundo, como dice la canción de Serrat también… los hijos se van. ¿Son esos pequeños locos bajitos, a quienes solemos transmitirles nuestras frustraciones, de quienes sabemos que algún día se irán? Entre medio, no hace falta ni que lo aclare, pasan un vagón de cosas, una montaña de situaciones que en sí mismas nadie puede prever. Ahora bien, no quisiera que te quedes con esta idea súper ortodoxa y clásica de la familia. Esta novela toca el tema de la familia, por eso te he hablado de esto, pero no quiere decir que sea mi propia idea personal o particular del concepto de familia. Tampoco quiero hacerme el moderno o el postmoderno diciendo todos los tipos posibles de lazos que pueden conformar una familia. No quiero hacer una demostración de erudición sobre los tipos posibles de familia y todos los conceptos posibles que hay, y que fueron desarrollados por una pila de autores. Me importan ciertas cosas acá, que a lo mejor pueden ser comunes a varios de esos tipos de familia, indistintamente, sin importar su conformación. Una: el retiro del afecto. Es un tema acuciante, por dios, fíjate Luis si lo podés observar en todos los tipos posibles de grupos familiares que se te ocurran: el retiro de carga de afecto, de vínculo, de sociabilidad, algo que estaba enlazado y que de repente se desenlaza, pum, chicotazo y luego nada. Una especie de abandono. "¿Cuándo fue que me dejaron de querer?" Pregunta alguno o alguna en un consultorio. O sea, para que quede claro, no es esa pavada del nido vacío o todas sus metáforas, sino el dejar de querer, esto que me parece tan significativo. Deberían verlo, esos que te dejan de querer. En segundo lugar, algo que se podría llamar las mil caras del padre, y que se aglutinan en torno a una ausencia, esto es contemporáneo pero también extemporáneo. En tercer lugar, no sé, son todas puntas para pensar, cosas que me hacen pensar, podría pensar en la idea de una feminidad polimorfa, que queda aún a la espera de ser valorada, quiero decir, a veces, en este contexto que te digo, puede ser una salida posible. En fin, este mundo es un infierno para quien pretenda entenderlo, cambiarlo o llevar adelante la proeza de enfrentarlo. Pero el que lo hace, inaugura otro mundo, lo cual puede ser común para algunos, y ajeno para muchos otros. Lucrecia Martel, hablaba de un destino común… y nos alienta, ¡hay tanto para hacer!, pero ¿en qué mundo?, me pregunto yo, ¿en qué mundo?. Bueno, me voy al super, te quiero mucho, Luis. Gracias por todo nuevamente. Y será hasta la próxima. Un abrazo grande.


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